Los nazis quisieron asesinar a todos los judíos de Europa y desterrar la cultura judía del continente para siempre. En esta atmósfera, participar simplemente de algún ritual judío, leer libros religiosos judíos o hablar hebreo era una forma de resistencia. Otros eligieron modos más activos de resistir. Ayudando en la impresión de periódicos ilegales, la destrucción de archivos, el robo de provisiones del ejército alemán, el sabotaje de trenes y fábricas, o la explosión de puentes y caminos.
Uno no sólo arriesgaba la propia vida, sino que los nazis a menudo se tomaban venganza matando a civiles inocentes. Dañar severamente a la maquinaria de guerra alemana provocó una respuesta aún más despiadada por parte los militares alemanes contra hombres inocentes, mujeres y niños.
"Ahí está lo difícil de estos tiempos: la terrible realidad ataca y aniquila totalmente los ideales, los sueños y las esperanzas en cuanto se presentan. Es un milagro que todavía no haya renunciado a todas mis esperanzas, porque parecen absurdas e irrealizables… Mientras tanto tendré que mantener bien altos mis ideales, tal vez en los tiempos venideros aún se puedan llevar a la práctica…” Ana Frank, 15 de julio de 1944.
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